Aprendiendo a invocar el espíritu de la cahapa | Anita Flow Barcelona

aprendiendo a invocar EL ESPÍRITU DE LA CAHAPA

El otoño es una estación inquietante. Ya casi siento cómo el año se está consumiendo. La luz aún es cálida pero frágil y las noches cada vez más oscuras. Así que, aprovechando esta sensación, os voy a contar una experiencia de otro mundo sobre cómo descubrí la cachapa venezolana.
Hace ya unos años, tuve la oportunidad de visitar Venezuela. Por aquel entonces era fácil moverse por el país así que me pareció una gran idea viajar para calmar mi hambre de playas alucinantes. Para mi sorpresa, en una ocasión me alejé más de lo planeado del mar para buscar una montaña sagrada. Según cuentan, la versión venezolana de la santería se originó en Sorte, una montaña del estado de Yaracuy. Allí, sus seguidores rinden culto a espíritus que mezclan influencias cristianas y africanas con las costumbres indígenas propias de la región. Lo más inquietante de todo es que, en aquella montaña, se dice que los espíritus bajan a la tierra. No me lo pensé dos veces. Solo necesitaba que alguien de la zona me ayudara a comprender el espiritismo. No tardé en conseguir el contacto de un maestro espiritista que accedió a que presenciara uno de sus rituales. La ceremonia superó mis expectativas. Las bajadas son demostraciones crudas de fe. Estábamos junto a un altar repleto de imágenes de santos y rodeados por decenas de velas encendidas. El protagonista, sin embargo, fue un hombre en trance: era en él donde los espíritus se encarnaban para hablar con nosotros. Salí agotada por la intensidad de la experiencia y me lancé al camino. Fue entonces cuando sucedió mi pequeño milagro santero y me topé con un puesto de comida bajo unas hojas de palma. En la pizarra solo había un plato: la cachapa. Nunca agradecí tanto un bocado. Aquella modesta especialidad local, hecha con ingredientes sencillos tenía la capacidad de despertar el alma. Justo lo que necesitaba. Una torta de maíz piloneado con una generosa porción de queso guayanés y las migas de una pata de cerdo asada. Su sabor vivaz me salvó la vida. Aquel humilde manjar me hizo volver a sentir la tierra bajo los pies. Así fue como, por pura curiosidad, descubrí el espiritismo y la deliciosa cachapa. Esa misma torta de maíz relleno está ahora en la carta del Anita. Nuestra versión basada en aquel día, al menos. Tan sencilla, deliciosa y milagrosa como la que se cruzó en mi camino en Sorte.